miércoles, 27 de agosto de 2014

La inundación de 1909 (2)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Dicen que el clima de Monterrey es estable, siempre está de la fregada. Hoy padecemos la sequía, pero de pronto con cualquier lluvia todo se trastoca y si llueve de más, vienen las inundaciones repentinas y nuestros pueblos fundados a la margen de los ríos, arroyos o manantiales nunca están a salvo. Menos aún cuando no hemos acabado de aprender la lección. Hemos olvidado que el río Santa Catarina es el único drenaje natural de la Sierra Madre. Nuestra sociedad del conocimiento es incapaz de contener y prever fuertes tempestades. Las aguas con furia imbatible se llevan de paso cualquier obstáculo como ya pasó en 1882, 1909, 1933, 1967, 1988, 2005 y 2010. Si en aquellos años, el cauce casi limpio del río no soportó tal caudal y llegó a destruir parte de la ciudad que se había construido sobre su cauce, no me quiero imaginar lo que hará pues todo el río está repleto de pasos a nivel, gazas y otras obras que invaden su señorío. “¡Oh Monterrey de las montañas, tu que estás a par del río, que a veces te hace una sopa y arrastra puentes consigo y te deja de manera cuando se sale de tino que hasta la virgen del Roble cuelga a secar su vestido!” (A.R. 1911) 

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