viernes, 18 de julio de 2014

Si Juárez no hubiera muerto...

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

El danzón Juárez de Esteban Alonso tiene una estrofa que dice: “Juárez, ay no debió de morir, porque si Juárez no hubiera muerto, seguramente estaría vivo”. Lo cual es prácticamente imposible que una persona viviera hasta los 208 años.  Juárez murió el 18 de julio de 1872 debido a una angina de pecho que tronó su corazón tras muchas horas de intensos dolores agudizados por el agua hirviendo que le vertían en el tórax con la intención de curar el padecimiento. Pero Juárez aun está vivo en México pues abundan municipios, universidades, escuelas, colonia, calles, bustos, placas y monumento que llevan su nombre. Por eso decimos: "lo que el viento le hizo a Juárez". Ósea, ¿hasta el viento le hizo los mandados a Juárez? y ¿si Juárez no hubiera muerto? Tal vez seguiría en la presidencia. Sebastián Lerdo de Tejada (sucesor de Juárez a su muerte, en su carácter de presidente de la Suprema de Corte de Justicia), escribió en sus memorias: “una de las tonterías del señor Juárez fue la de haber muerto prematuramente; si diez años después se hubiera despedido de este mundo engañoso, no hubiera quedado ni la sombra de su paisano el señor (Porfirio) Díaz”. Años después el historiador Daniel Cosío Villegas encontró benéficas consecuencias inmediatas para la República restaurada en el fallecimiento de Juárez: “La muerte resolvió llanamente un embrollo político que parecía y era un auténtico callejón sin salida. El país sentía gratitud por Juárez (…) pero pensaba que su permanencia en el poder dividía al partido liberal y creaba problemas políticos cuya única solución iba a ser la violencia”. Lo cierto es que un 18 de julio de 1906, conmemorando el 34 aniversario de su muerte, el cabildo de Santa Catarina colocó una placa conmemorativa de la estancia de Benito Juárez en Santa Catarina en febrero de 1864. Hay calles con su nombre en Santa Catarina, La Fama y la Huasteca, dos bustos en La Fama y el de la casa parroquial que una vez dio cobijo al benemérito de las Américas. 

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