martes, 8 de julio de 2014

La tumba de Vidaurri

Antonio Guerrero Aguilar/ 

Como se advierte, la figura histórica de Santiago Vidaurri es muy controvertida. Para unos no importa el peso político regional y el reto que continuamente expuso desde el noreste hacia el centro del país; en donde aun se toman las principales decisiones de la Patria. Ni siquiera la enemistad con Juárez. Fue el cambio de posición: de liberal republicano a fiel colaborador del imperio. Lo cierto es que gracias a Vidaurri la Patria conoció el arrojo y el heroísmo de Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Silvestre Aramberri, Evaristo Madero, Juan Zuazua, Julián Quiroga y Manuel Blanco y Múzquiz. Casi todos ellos rompieron con el viejo cíbolo de acuerdo a sus posturas tan disímbolas y contrarias. Solo Juan Zuazua y Julián Quiroga quedaron fieles; pero a Zuazua a lo mataron en San Gregorio en 1860. Pero también asentó las bases para el crecimiento de la región. El 22 de marzo de 1867, Vidaurri junto con Leonardo Márquez y al frente de mil dragones de caballería a las órdenes de Julián Quiroga salieron de Querétaro con rumbo a la ciudad de México.  El 21 de junio de 1867 Porfirio Díaz derrotó a Márquez y se quedó con el control de la capital. La república triunfó sobre el imperio. Márquez logró escapar pero Vidaurri no. Se quedó oculto en la casa de un norteamericano al que no pudo pagar por su silencio y éste denunció.  Fue aprehendido en la mañana del 8 de julio de 1867. A las 4 de la tarde fue llevado hasta la plaza de Santo Domingo para fusilarlo por la espalda mientras una banda de música tocaba la pieza  Los Cangrejos, que los liberales siempre cantaron para burlarse de los conservadores y traidores. Sus últimas palabras fueron: “Deseo que mi sangre sea la última derramada y que México sea feliz”.  Sus restos fueron trasladados a Monterrey para luego llevarlos a la Mesa de Catujanes en donde se siente la presencia del viejo cíbolo, en medio de la tierra tanto quiso Candela y Lampazos.

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