jueves, 31 de julio de 2014

El cierre de los templos en 1926


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Un 31 de julio de 1926, como una forma de rechazo a la llamada Ley Calles que restringía y también prohibía actos litúrgicos en los templos, el episcopado mexicano ordenó su cierre de y además de sitios de culto y devoción popular en todo el territorio nacional. Muy temprano, el entonces párroco Crescencio Neaves cerró el templo parroquial, para luego trasladarse a La Fama y a San Pedro Garza García y hacer lo mismo: cerrar los espacios como una forma de protesta. Los objetos litúrgicos más valiosos fueron llevados a casas en donde las familias se comprometieron a cuidarlos. En Nuevo León la llamada "Guerra Cristera" solo se limitó al cierre de los templos y también a la persecución de sacerdotes y religiosas que hacían su ministerio apostólico. Muchos de ellos fueron encarcelados y otros alcanzaron a salir del país. Durante dos años (1926-1928) no hubo misas en nuestros templos, pero si en casas donde se oficiaban ceremonias, daban la bendición a parejas, ofrecían la primera comunión y bautizaban. Se dice que en una casona situada en la calle Zaragoza, entre Corregidora y Ocampo se hacían los actos en forma clandestina. En este periodo, toda la gente de Saltillo y Ramos Arizpe se trasladaba hasta Rinconada, en donde el párroco de Villa de García les administraba los sacramentos en forma clandestina. 

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