martes, 22 de julio de 2014

El campanario del templo parroquial de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Una campana es la voz de Dios. Cuando suenan las campanas Dios invoca y la asamblea convoca como parte de su pueblo. Los campanarios son torres que indican al cielo y a la divinidad. Pero también los hombres se llaman entre sí. Las campanas dividían los tiempos de la comunidad: para levantarse, comer, dormir y trabajar. Cada vez que había un incendio o un problema en la comunidad, un responsable hacía tañer las campanas para que todos en solidaridad apoyaran a quien lo necesitara. Antes de campanario había la espadaña, como construcción regularmente triangular que nos recuerda a la Santísima Trinidad y en la cual había unos huecos para las campanas, como por ejemplo, la que tienen en el templo de San Carlos en Vallecillo o el de Ramos Arizpe, Coahuila. Cuando la situación económica cambiaba se hacían los campanarios, pero no los terminaban pues éstos debían acabarse con el fin de los tiempos. Por eso vemos en las fotos y grabados las torres mochas. Aquí en Santa Catarina teníamos la campana mayor dedicada a María Santísima. Dicen que su calidad del metal era tan buena que fácilmente se oía en el valle como adentro del cañón. De tanto tañerla la campana se abrió y hubo necesidad de repararla. Vinieron desde el Estado de México, se la llevaron pero ya no sonó igual. Esta campana se hizo gracias al apoyo de la familia González Steel y de los Audifred en la década de 1960. Siempre se dijo tener una aleación especial con plata y oro. Otra la vez la campana se dañó y volvieron a repararla en 1987. Y tampoco suena igual. 

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