martes, 24 de junio de 2014

San Juan Bautista de la Pesquería Grande

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


La voz del profeta que clama en el desierto, también le da nombre a mi solar poniente: de estancia de Pesquería a hacienda de San Juan Bautista de la Pesquería Grande el 14 de marzo de 1636, luego valle de San Juan Bautista de la Pesquería Grande en 1725; la parroquia de San Juan Bautista  desde el 21 de marzo de 1808. De pronto, ya no fue ni San Juan Bautista ni la Pesquería Grande: desde el 31 de marzo de 1851 es la Villa de García de Nuevo León. Pero el pueblo, su río, sus montañas y el desierto nos evocan al Bautista: el Jordán se convirtió en el Pesquería, dos templos dedicados a dos profetas por excelencia: uno del Antiguo Testamento llamado Elías quien anunció desde el Monte Carmelo y el otro llamado Juan quien con su nombre engrandece a Yahvé. En medio de los dos está el Santo Cristo de la Agonía. La voz del profeta Juan el Bautista se oyó en la montaña de Judea y por el desierto. Desde hace 200 años, las campanas de San Juan Bautista llaman al Fraile, la entidad protectora de la Pesquería Grande para que acudan a misa y también a Nacataz, Icamole, el Valle Perdido, La Rinconada, San José y  todas las colonias que ahora la habitan. Desde la casa de Dios que construyó a partir de 1884, pues el templo original se quemó el 9 de diciembre de 1883. Aquí se bautizaba, se lloraba, se daban gracias a Dios, se rogaba por todos los difuntos. ¡Villa de García, Dios te conceda muchas lluvias para que las golondrinas sigan acudiendo a ti para hacer sus nidos cada verano!  

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