sábado, 25 de enero de 2014

El cabrito en la historia de la cultura

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de Santa Catarina
 
Para griegos y romanos, la cabra representaba la lascivia y la voluptuosidad. Lascivo se convirtió en chivo. La trataban con respeto pues una cabra llamada Amaltea cuidó y amamantó a Júpiter; por eso llamaron a una constelación Capricornio. Es más, un conglomerado de estrellas muy pequeñas y borrosas reciben el nombre de las cabritas. Al dios Pan se le representaba como un pastor de cabras y los romanos llamaban “caprimultas” al esclavo que cuidaba los rebaños. También ofrendaban cabras de color blanco al dios Apolo. Comer cabrito es una tradición muy antigua, practicada entre los egipcios, de los pueblos de Medio Oriente, Grecia, Roma y los pueblos del norte de África. Esopo tiene una fábula sobre el cabrito: Un cabrito se rezagó en el rebaño y fue alcanzado por un lobo. Se volvió hacia éste y le dijo: “Ya sé, señor lobo, que estoy condenado a ser tu almuerzo. Pero para no morir sin honor, toca la flauta y yo bailaré por última vez”. Y así lo hicieron, pero unos perros oyeron el ruido y salieron a perseguir al lobo. Viendo la mala pasada, se dijo el lobo: “Con sobrada razón me ha sucedido esto, porque siendo yo cazador, no debí meterme a flautista”. Y hasta tenemos muchos dichos que tienen que ver con el cabrito: “Aun no es parida la cabra y el cabrito mama”, “Cabra coja no quiere siesta”, “Cabra que rume, leche amontonada”, “La cabra siempre tira al monte”, “Los que cabras no tienen y cabritos venden: ¿de dónde les vienen? “Anda como chivo en cristalería” o “Cuando me las hacen, ya verás cómo me encabrito” y “Un chivo pegó un reparo y en el viento se detuvo” entre otras más.
 

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