jueves, 26 de diciembre de 2013

Una casa de El Pajonal

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de Santa Catarina
Un vecino le dijo a don Chuy Esparza: “Allá en el solar o en el cobertizo establecimos una nueva familia de acuerdo a la disciplina del trabajo, supimos de paredes viejas y jacales de carrizo, lo que era una estancia y un mesón en honor a la verdad, lo que es el trabajo de sol a sol y la recompensa del beneficio económico, en lo más alto de la sierra donde la atmósfera trasparenta y el viaje es eterno. Nos preocupa la gente que abandona el campo, aquí donde hay que darle vida a esto. Esa prosperidad económica es ya histórica, se ahuyentaron las lluvias y los pozos profundos acabaron con los aguajes, nuestro propósito es seguir trabajando la tierra, estar dispuestos, lamentablemente hay osos que no solo quiebran ramas, sino que se llevan la fruta en cajas y aparecen allá en Santa Catarina”. Yo comparo la cuesta de la Manteca con la cuesta de las Comadres, el cuento de El llano en llamas de Juan Rulfo: "Sin embargo, de aquellos días a esta parte, la cuesta de las Comadres se había deshabitado. De tiempo en tiempo alguien se iba; atravesaba el guardaganado donde está el palo alto, y desaparecía entre los encinos y no volvía a aparecer ya nunca. Se iban, eso era todo. Y yo también hubiera ido de buena gana a asomarme a ver qué había atrás del monte que no dejaba volver a nadie; pero me gustaba el terrenito de la Cuesta". Los poblados de la sierra Madre correspondientes están desapareciendo. Y con ello, un trozo de nuestra historia regional padecerá la pérdida de un pueblo nuevoleonés.  

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