sábado, 28 de diciembre de 2013

Pueblos que tienden a desaparecer

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de Santa Catarina

Por entre las montañas se formaron pequeños valles en los que alguna vez habitaron familias. De la montaña venía el viento, el Sol y el agua. Las tierras bendecidas ofrecían sus frutos y alimentos. ¿Y de qué vivía la gente? Pues simplemente vivía de lo que tierra les daba para comer apoyados en una economía de subsistencia. Lo cierto es que la fruticultura se hizo fuerte en éstos lares, preferentemente la de las zonas altas y es proverbial que la mejor manzana, ciruelo, chabacano y durazno se daba en las huertas de la gente de la montaña de Santa Catarina. Para completar sembraban maíz, frijol, chile. En los valles sembradíos y en los agostaderos el ganado mayor y menor. Y la montaña al abrirse les ofrecía sus riquezas minerales. Hubo un tiempo en que Santa Catarina fue un municipio agrícola y el segundo enclave minero de Nuevo León. Allá más abajo estaba la gente que había dejado el campo para dedicarse a la trabajar en la industria. La montaña da todo para vivir pero no quien administra las riquezas. Debieron buscar primero educación luego salud y con el trabajo la gente olvidó su tierra. Dejaron a sus padres y abuelos. Luego las trajeron a Santa Catarina, San Pedro Garza García y Monterrey en donde formaron familias. Los pueblos se deshabitaron y la gente debió vender sin saber las consecuencias de lo que un día se podía dar. Cuando el agua dejó de fluir por acequias de Santa Catarina, a quienes formaban la Comunidad de Accionistas de Santa Catarina les cambiaron el agua rodada por tierras en la sierra y todo se repartió. Esos lugares corren el riesgo de desaparecer y convertirse en sitios turísticos donde los servicios se venden y cuestan. Bienvenido sea el progreso que se olvida de la integridad de los habitantes y de sus tierras.

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