martes, 31 de diciembre de 2013

Donde el río se hace de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de Santa Catarina
Más allá de Las Tinajas se formaron otros pueblos a la orilla del río de los ancestros. Este viene desde de lo más alto de la sierra que ahora pertenece a Santiago, Nuevo León. Se atraviesa el cañón de la Ratonera y luego El Marrubial. De pronto los vetustos árboles nos anuncian la llegada al cañón más enigmático e ignoto para todos: el cañón de San Cristóbal. Ya para mediados del siglo XIX había una ranchería habitada por una familia tan ilustre que otros linajes de Santa Catarina vienen de una mujer de apellido Góngora: los Téllez, los Páez, los Jiménez, los de Luna y los Rodríguez. La gente de la sierra conocía bien los caminos que se abren por entre los cañones y bien podían comerciar en Monterrey,  Santiago, Arteaga o Santa Catarina. Eso provocó que se tejieran historias y leyendas en torno a una familia que hizo del rancho, sus campos y agostaderos un sitio autosuficiente y próspero. Con agua de sobra, buenas cosechas, ganado mayor y menor y animales de corral. Dicen que tenían todo para preparar sus propios licores. Más adelante está el rancho de Los Lobos y en seguida están los límites que cercenaron a Santa Catarina la mitad de su territorio.  Luego El Salto tan majestuoso, ahí el torrente del Santa Catarina cae repentina y en forma decisiva. Luego otros bancos en donde los antiguos pobladores dejaron historias escritas en la piedra. Petrograbados ya destruidos por la acción humana de manchar con un rasgo personal al patrimonio arqueológico de todos. De aquel lado la Ciénega de González y por Santa Catarina un rancho que siempre estuvo al amparo de hombres y mujeres que permanecieron célibes como compromiso de un pacto familiar: San Cristóbal de los Góngora.

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