sábado, 20 de mayo de 2017

La Presa La Boca

Antonio Guerrero Aguilar/


La llamada Presa de Abastecimiento de Agua Potable para la Ciudad de Monterrey, fue inaugurada el 13 de septiembre de 1963. Todo el proceso de preparación y de construcción se inició entre 1958 y 1959 y a partir de 1970, se le comenzó a llamar “Rodrigo Gómez” en honor al insigne linarense que fuera por mucho tiempo director del Banco de México. Originalmente comprendía  una superficie de 455 hectáreas y con una capacidad de 40 millones de metros cúbicos, capta principalmente los escurrimientos de la Sierra Madre y del arroyo “La Chueca”. Por ahí estaba una población llamada La Boca y por eso la gente comenzó a llamarla como tal. Con los gobiernos de Rangel Frías y Eduardo Livas, (1955-1967) se pensó en construir la infraestructura para dotar de agua potable a Monterrey y sus municipios aledaños. Hoy parece que piensan al revés. No me consta, pero tengo la impresión de que quieren bajar el nivel de almacenaje de la presa que ahora está al 50% de su capacidad para poner más comercios y me dicen allá en Anáhuac, Nuevo León, que también quieren hacer lo mismo para destinar esa agua para la extracción del gas shale. Con éstos calorones y tantas necesidades, y otros siguiendo con el refrán: “agua que no has de beber, déjala correr”.  Esto, doy fe el 20 de mayo de 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

Mueblería La Malinche

Antonio Guerrero Aguilar/


Monterrey tuvo alguna la fábrica de muebles llamada “La Malinche. Quedó establecida por Cristóbal Treviño y Manuel Reyes, un 7 de junio de 1909, quienes aportaron un capital de 100 mil pesos. Ambos tenían un taller de carpintería que venían operando desde 1895. Ahí elaboraban sillas y mecedoras de madera, con respaldos finamente decorados, peinadores, cómodas y demás muebles finos. Dicen que la fábrica sufrió de un incendio, para otros padeció una huelga en 1971, después de declararse en quiebra. Lo más complicado como siempre, es que unos 300 obreros perdieron su fuente de empleo y dejaron de hacerse las sillas y el demás mobiliario. La Compañía Manufacturera de Muebles La Malinche S.A. estaba situada en dos manzanas, comprendidas entre Isaac Garza, Treviño y Carlos Salazar y América y Martín de Zavala. Una parte permanece como bodegas y oficinas de una reconocida casa editorial y en la otra están las instalaciones del CEU. ¿Quién tiene algún mueble tan preciado en nuestras casas?

lunes, 15 de mayo de 2017

Historia de la calle Hidalgo de Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/


La calle Hidalgo de Monterrey ha tenido muchos nombres a lo largo de su historia. Desde el Camino Real de los Saltilleros, a calle “De Hidalgo” a partir de 1882, luego “De Iturbide” en 1889, después “México” para convertirse en Calzada Obispado Poniente en 1931. Otra vez, don Pepe Benítez preocupado por tener mejores vialidades para vehículos como peatones, dispuso la construcción de banquetas y jardines. Más o menos a la altura de Porfirio Díaz, había casas que tapaban los accesos, formando una curva en el trayecto y en consecuencia debieron derrumbarse. Así quedó como la vemos en ésta imagen. Al fondo, al poniente; aún se puede apreciar el mítico Mirador que derrumbaron para hacer una nueva edificación. Por el rumbo del Obispado quedó una calzada con el mismo nombre y a partir de Venustiano Carranza, la Calzada Obispado Poniente que tenía un camellón central hasta la Plaza de la Purísima.  Llegaron otros gobernantes y alcaldes que le regresaron el nombre de Hidalgo que aún lleva afortunadamente. 

jueves, 11 de mayo de 2017

La quiebra y el cierre de la Maestranza

Antonio Guerrero Aguilar/


Antes de que se nos olvide: el jueves 8 de mayo de 1986, la empresa siderúrgica paraestatal Fundidora Monterrey, S.A. fue declarada en estado de quiebra por la juez 10a. de lo civil del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Eva María Estela McMaster. La resolución se adoptó en respuesta a la demanda por suspensión de pagos que la empresa había presentado unos días antes, al encontrarse sin recursos para cumplir con sus compromisos, y por las altas pérdidas que estaba generando la operación de la planta. Nunca antes en la historia de la administración pública en México se había registrado la quiebra de una empresa paraestatal de esa magnitud. Y más considerada como uno de los símbolos que forjaron la grandeza de Monterrey y de Nuevo León. Fundada el 5 de mayo de 1900, por un grupo de empresarios entre los que sobresalían los señores Antonio Basagoiti, Eugenio Kelly, León Signoret y Vicente Ferrara. Era la empresa siderúrgica más antigua en toda América Latina y constituyó un pilar importante de la industrialización del norte del país desde muy temprana época a lo largo de 86 años. Para 1960, la capacidad de producción era de 500 000 toneladas por año. La meta para 1971 era alcanzar una capacidad de 900 000 toneladas al año. Dedicada a la fabricación y comercialización de distintos tipos de productos de acero. ¿Por qué no defendieron la vieja maestranza?

miércoles, 10 de mayo de 2017

La segunda visita de Juan Pablo II a Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar


Por segunda ocasión, en la tarde del 10 de mayo de 1990 arribó a la ciudad de Monterrey el Papa Juan Pablo II. Antes de la misa que ofició en el Río Santa Catarina estuvo en la Catedral de Monterrey. Luego se dirigió por la Avenida Constitución para llegar a un espacio en donde sobresalía un Cristo y una imagen de la virgen de Guadalupe, poco antes de llegar a Gonzalitos. Ahí lo esperaban miles de fieles que daban la bienvenida al pontífice y obispo de Roma. Durante la ceremonia dirigió una homilía a todos los congregados que incluso llegaron a ciertos puntos de la Loma Larga para escucharlo: “Al veros aquí en tan gran número, en esta ciudad de Monterrey, convocados por vuestra común fe cristiana y para encontraros con el Sucesor de Pedro, me brota del corazón haceros un llamado a la solidaridad, a la hermandad sin fronteras. El saberos hijos del mismo Dios y hermanos en Jesucristo ha de moveros, bajo el impulso de la fe, a dedicar todo vuestro esfuerzo solidario en lograr que este gran país sea más justo, fraterno y acogedor. Me mueve a ello el ardiente deseo de que vuestra amada Patria, con el respeto debido a sus mejores tradiciones, pueda progresar material y espiritualmente sobre la base de los principios cristianos que han marcado su caminar en la historia”. 

martes, 9 de mayo de 2017

El escudo de Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar


El 9 de mayo de 1672, la Reina Mariana de Austria aprobó la creación del escudo de armas de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey. Las gestiones llevaron cinco años, pues desde 1667 el entonces gobernador don Nicolás de Azcárraga hizo la solicitud que fue signada  por la reina, ya viuda de Felipe IV y tutora y responsable de su hijo el Rey Carlos II, quien contaba con once años de edad. La Cédula Real fue expedida el 9 de mayo de 1673, dando facultades al gobernador para aprobar el escudo que la dicha ciudad eligiere. Las características del blasón son las siguientes: dentro de un marco oval está un árbol y junto a éste un indio flechando a un sol de gules, que surge tras el cerro de la Silla. Dos indios, ataviados de huipil y penacho y armados de arco y flecha sirven de soporte al conjunto, que aparece en un lienzo blanco, recortado también en forma oval y cuyos extremos superiores caen hacia atrás. Seis banderas blancas le sirven de fondo, dispuestas tres a cada lado y cayendo sobre los trofeos militares, cañones, balas y tambores. Abajo tiene una banda de gules con la leyenda Ciudad de Monterrey; y el todo está timbrado con una corona condal, referencia al título nobiliario de don Gaspar de Zúñiga y Acevedo conde de Monterrey, noveno virrey de la Nueva España, en honor de quien lleva el nombre de la ciudad. El símbolo representativo de Monterrey cumple 345 años y durante 270 años fue el escudo oficial de Nuevo León.

domingo, 9 de abril de 2017

El que toma corona, todo se le perdona

Antonio Guerrero Aguilar

Ya sea como estancia, hacienda, valle, villa o ciudad, como Santa Catalina o Santa Catarina, también nos han llamado en tono despectivo “Santa Cantina” o “Santa Catarrina”. A mediados del siglo XX, la cabecera municipal como La Fama se llenaron de cantinas, depósitos, casas de citas y hasta moteles de mala muerte. Muchos situados en los alrededores de las plazas de ambos pueblos. De tal forma que convivían por el mismo rumbo escuelas, casas y cantinas, depósitos disfrazados de loncherías con mesas de billar. Es cuando comienza la rivalidad de las dos marcas tradicionales de cerveza. Una de ellas pronto se hizo del gusto público a tal grado de que Santa Catarina era el mercado no controlado de la cervecería Cuauhtémoc. Era tanta la influencia y la demanda que comenzó a decirse en tono de burla: “En Santa Catarina el que toma corona, todo se le perdona”. Y en efecto, si alguien estaba tomando en su vehículo y al pasar por un retén de anti alcohólica; si los agentes de tránsito verificaban que ingerían la marca oficial no los molestaban. Pero si venían consumiendo la marca de la compañía cervecera establecida en Monterrey en 1890, inmediatamente eran detenidos para hacerles un diagnóstico médico y trasladaban sus autos hasta el corralón.


Desde hace muchos años,  en todo el cañón de Santa Catarina se toman bebidas como si fuera una gran cantina pero al aire libre, en donde todos los días acuden bebedores que ahogan sus penas y alegran sus vidas en los refrescos de cebada y lúpulo. Era común saber de noticias de asesinatos y riñas cantineras cada fin de semana. El pasar de una ambulancia cerca de la plaza, era señal de que en algún sitio había un herido o moribundo por líos de deudas, pendencias o amores prohibidos.  Al día siguiente, muchos de los borrachitos terminaban como barrenderos en la plaza para pagar la cruda realidad. Solo para darnos una idea, en 1982 había 20 cantinas alrededor de la parroquia, del palacio municipal y de la escuela Edelmiro Rangel de Santa Catarina. Incluso muchas campañas de asistencia social y de apoyo al municipio venían de parte de quienes expedían la cerveza oficial.

Entonces a los propietarios de los depósitos y cantinas, aferrados a la tradición cervecera regiomontana decidieron no vender la cerveza oficial. El gremio tenía fuerza y presencia, a tal grado de que un propietario llamado Mario Martínez Banda llegó a la alcaldía haciendo muy buena labor lo que sea de cada quien. Entonces Juan Francisco Caballero, el nuevo alcalde apoyado por su cabildo (1983-1985) y de su central obrera mandaron cerrar todas las cantinas y depósitos que no vendieran la “cheve” de la calidad que no tiene fronteras. En el verano de 1983 clausuraron todos los negocios o los hicieron cambiar de nombre y de giro. Como es de suponerse, la raza perteneciente al gremio de bebidas alcohólicas, adheridas a un sindicato de similares brincaron como gatos boca arriba con tal de defenderse de las medidas a las que fueron sometidas por el alcalde en turno, pues les cobraron altas contribuciones municipales y quienes no pudieron pagarlas, debieron cerrar sus negocios.


Con ello se fueron cantinas tan gloriosas e históricas como “El Parral” de Alejo Villanueva, el salón “Cuauhtémoc” de Vicente Martínez, el  “América” de Anselmo Rangel, “El Recreo” de Antonio Valerio, “El Especial” de Jesús Martínez, el “Caballo Blanco” de Mario Martínez Banda, el “Laredo” de Juan Rodríguez, la cantina del Chaparro situada en Manuel Ordóñez y Zaragoza, la cantina de Bernardo Martínez, “El Infierno” de Marcos Rangel, “la Gloria” de Guadalupe García (ambas situadas una enfrente de la otra), la “Culebra”, “El Palenque” de Pedro Ayala y el restaurante “Solís” entre otras más. El alcalde para asestar el golpe definitivo al gremio, quitó el motel “El Bosque” a sus regentes y en 1985 lo convirtió en las oficinas y sede del DIF municipal. Se salvaron “Los Laureles”, “El Especial”, “El Aguaje” y la “Covacha” que cambió su nombre por el famoso “Bar Don Pedro” en honor a un insigne personaje de la localidad. Las medidas de represión se hicieron evidentes en el siguiente trienio con Mario Alberto Salazar (1986-1988) y fue cuando se hizo famosa la frase que le atribuían al mismo alcalde: “Sobre el muerto, las coronas”. Así la fama de Santa Catarina de ser un municipio con potencial turístico e industrial, quedó como un lugar considerado como “un pueblo sin ley” en donde se podía vender, comprar y  consumir cerveza o bebidas alcohólicas sin tantos problemas y horarios especiales.

Quedaron en el olvido aquellas sentencias derivadas del Reglamento de Policía y Buen Gobierno de Santa Catarina, avalado por el alcalde y su cabildo de 1903, cuando nuestros funcionarios definían a una cantina como aquel establecimiento comercial donde se venden al menudeo bebidas embriagantes y vigilaban que las personas en estado de embriaguez no asistieran a los lugares públicos; que las cantinas y los bares cerraran a las diez de la noche y que no se les permitiera la entrada a los menores de 18 años.


Ciertamente aún quedan cantinas y bares, o lugares en donde se pueden echar unos tragos y pasar un rato agradable con los amigos. Pero abundan los depósitos y las tiendas de conveniencia que tienen autorización para vender cerveza. Simplemente habilitan un patio o una bodega y listo. Pero por más que prohiben el consumo de la cerveza de la calidad que no tiene fronteras, el gusto está muy arraigado y se pueden conseguir en los pocos expendios que sobrevivieron, para luego tomarlas en sus casas, en sus automóviles o en lugares donde no pueden ser molestados. Y ahora tenemos depósitos cuyos nombres nos remiten a la marca de cerveza. Las cantinas desparecieron y en ellas ahora hay otro tipo de negocios. Muchas casas están en ruinas recordando las asiduas visitas de los parroquianos.


Tenemos recuerdos que conviene rescatar de aquellas noches cuando se podían beber cervezas en cantinas y sentados en una barra, comían maguacatas, cacahuates y tacos como botanas. Pero lo peor del caso, todavía no podemos quitarnos esos motes que aún nos distinguen en la zona metropolitana de Nuevo León, que nos relacionan con estado inconveniente e impertinente.